La responsabilidad: un precio caro que no todos pueden pagar

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A una buena cantidad de personas no les gusta tener responsabilidades cuando de trabajo se trata, aunque pensándolo bien, a muchos no les gusta tener responsabilidades de nada.

A una buena cantidad de personas no les gusta tener responsabilidades cuando de trabajo se trata, aunque pensándolo bien, a muchos no les gusta tener responsabilidades de nada.

Si nos ponemos a pensar detenidamente, no todos tienen mano dura para hacer válida su autoridad cuando la irresponsabilidad toma el control poco a poco en la chamba, y lo más importante, si algo sale mal siempre será más fácil echarle la culpa a alguien o algo… ¿o me dirás que te gusta meter las manos al fuego por otra persona?

Ser responsable en ocasiones implica no dormir o dormir poco, inversión de tiempo, dejar pasar algunos planes, estar expuesto a la crítica, etc. Acarrea un costo elevado que no todos están dispuestos a pagar.

Permíteme contarte 2 casos (de muchos) que me ha tocado vivir donde se carece de iniciativa de parte de algunos compañeros para entrarle al quite y sacar el trabajo adelante. Probablemente te sentirás identificado…

Caso 1

En una planeación de trabajo todo era jajajá y jijijí hasta que llegó el momento de tomar una decisión. Se planteó X rumbo a seguir; sin embargo, a una persona del equipo no le pareció y lo hizo saber no sólo con sus comentarios, sino hasta con el tono en el que se expresó y su lenguaje corporal. ¡Es válido no estar de acuerdo! Las diferencias enriquecen a un equipo, aunque cuando no se está de acuerdo lo adecuado es proponer una alternativa, si no, sólo estamos criticando el esfuerzo de los demás.

El detalle particular es que esta persona con frecuencia es así, suele cuestionar todo: tomas de decisiones, por qué se eligió X color y no mejor otro, a menudo se queja de lo que hay que hacer y es de las personas que menos aporta y menos hace. Jamás propone y mucho menos quiere tomar responsabilidades.

Caso 2

Recibí una queja sobre la administración de un proyecto. La diferencia es que aquí sí recibí una sugerencia. Se preguntarán cuál es el problema entonces… Bueno, al momento de pedir información precisa sobre la queja, resultó ser una queja por un problema hipotético.
La cuestión es que esta persona me quería decir cómo debía hacer mi trabajo, pretendía enseñarme cómo controlar a más de 50 personas, cuando no ha tenido la experiencia necesaria en ese rubro, además de opinar sobre cómo manejar recursos de los cuales desconoce su administración.
En este segundo caso la historia se repite como en el primero: recibo sugerencias de una persona que se la pasa quejándose constantemente, pero a la hora de la acción y tomar responsabilidades,

se ausenta, prefiere que alguien más tome ese compromiso porque en caso de fallar siempre será más fácil señalar que aceptar los errores.

Conclusión

No se trata de ser soberbio e ignorar a los demás, nadie es perfecto ni lo sabe todo, pero tampoco se puede tomar en serio a personas que constantemente se la pasan criticando para mal, que no aportan y mucho menos apoyan. Es más, ¡¿por qué piensan que serán tomados en cuenta?!

Me pregunto qué pasa por sus cabezas al momento de tirar su veneno con críticas a sabiendas de que no hacen nada para ayudar… ¿pretenden que sean escuchadas sus opiniones a pesar de que no son para edificar?…

Es válido estar en desacuerdo y expresar las inconformidades, pero no lo es el tirar la ponzoña desacreditando la dedicación de los demás. Quedarás como un quejumbroso, y ese tipo de personas, además de ser odiosas, difícilmente alguien los toma en cuenta.

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